Como el tiempo ya ha pasado, y los actores se
encuentran cómodamente retirados, posiblemente siquiera recuerden un
poco el episodio, así que me atrevo a comentarlo con Uds.
Estaba en la Reg II, y en la Plana tenía varios Oficiales Jefes,
algunos radicados en Rosario y otros su gran mayoría con domicilio en
Capital federal o Gran Buenos Aires, así que los días viernes por la
tarde (Y un poco antes a veces) salía el, tropel a ver sus familias,
lógico el que estaba de turno sin solución se quedaba, y si había alguna
novedad….volviendo urgente, a veces pedían a los que no viajaban por
algún motivo que les cubran o los remplacen.
Por un problema de turnos un fin de semana y luego algunas novedades en
su área uno de los oficiales radicado en Gran Buenos Aires hacía ya casi
un mes que no podía usufrutuar el franco de fin de semana.
Justo esa semana, lo llama la hija llorando que había dejado como
siempre su auto frente a la casa y había amanecido con dos ruedas menos,
tramite telefónico de una forma, de otra, el seguro, etc, resultado
debió pedir a la hija que se ocupe de comprar las dos ruedas y hacerlas
colocar.
Con todo ese problema, y para más pintaba un fin de semana complicado,
pero finalmente el sábado a la mañana la cosa se despejo y dejaron de
existir problemas para viajar, así que con un poco de desesperación saco
en tiempo record su auto que guardaba en el garaje del ACA continuo a
la Región y partió hacia su domicilio.
Según su propias palabras más o menos el tema ocurrió así: “ Tarde más
de lo normal en la autopista ya que por la hora estaba cargada, así que
llegue a San Miguel casi oscureciendo, cuando giro por la esquina de
casa, veo a una persona, un hombre agachado junto al auto de mi hija y
justo con una llave cruz trabajando sobre una rueda del lado de la
calle, arrimo el auto y con un golpe de volante lo golpeo tirándolo al
suelo, allí salgo del auto, me le pongo encima y comienzo a golpearlo
gritándole – Chorro de m…… yo te voy a enseñar – estaba en eso cuando
escucho gritos de mi hija que decían – Papa, papa, que haces déjalo es
mi novio, me está colocando las cubiertas –“
El pobre hombre el lunes volvió a la Región muy preocupado, según
contaba su hija no le hablo todo el fin de semana, y tuvo que ir a ver a
su futuro consuegro para que no lo denuncien por lesiones, ya que el
novio más allá de tener los dos ojos morados por el golpe del auto tenía
una pierna rota y una muñeca con fisuras.
Por unos cuantos fines de semana lo vi de turno continuo sin aprovechar el franco.
Noche fresca y abierta en el pago... desde que apareció el lucero un fuego mantenía en ronda a la paisanada. Los perros se rezongaban entre ellos por un espacio cerca a la lumbre y a lo lejos los carau continuaban en su fiesta lamentando la muerte de su madre (ver leyendas).
Un chicharrón a las brazas, la pava ennegrecida de ollín... y el crepitar de las llamas... el resto era mero lujos de compañias...
Buenos humos de tabacos criollos y "DON Emilio" (ese "titulo" casi nobiliario que le damos los paisanos a aquellos que consideramos nuestros mayores, y que se han ganado el respeto y la jerarquía de ser llamados de esta forma)... que se acomoda en una silla petizona, apura un cimarrón caliente y bien sebao que le supieron alcanzar y nos deleita con sus historias...
Un chicharrón a las brazas, la pava ennegrecida de ollín... y el crepitar de las llamas... el resto era mero lujos de compañias...
Buenos humos de tabacos criollos y "DON Emilio" (ese "titulo" casi nobiliario que le damos los paisanos a aquellos que consideramos nuestros mayores, y que se han ganado el respeto y la jerarquía de ser llamados de esta forma)... que se acomoda en una silla petizona, apura un cimarrón caliente y bien sebao que le supieron alcanzar y nos deleita con sus historias...
martes, 13 de febrero de 2018
La Cigarrera
Campos de Corrientes allá por Colonia Tatagua,
pasaba unas vacaciones en el campo, mis reservas de tabaco habían sido
mal calculadas y veía que quedaría corto, así que consulte a mi suegra
si conocía quien podría hacerme algunos cigarros de tabaco criollo o
bahía que en esa época se sembraba en Corrientes, como para salir del
apuro.
Se me indico una de las empleadas que trabajaba en la cosecha de hojas de tabaco, según mi suegra ella hacia antiguamente con otras mujeres cigarros que se vendían en el ramos generales del campo, que comentaban eran muy buenos, pero que hacia bastante que no venían a ofrecer así que no sabría si estaban haciendo o si aceptaría hacerlos.
Por la tarde cuando terminaban las tareas de corte de hojas me fui caminando hasta el rancho donde vivía esta mujer, no muy lejos, apenas cruzando la calle de arena, lo que parecía fácil pero en verano no lo era tanto; allí había un rancho medio ladeado y la encontré sentada en un viejo taco de madera bajo la sombra de un decrepito mango desgranando maíz para las gallinas, de una edad indefinida, pero de muchos años, con la piel curtida por el sol, el pelo cubierto por el tradicional pañuelo negro, vieja costumbre por algún duelo, de estatura baja y muy delgada, en la boca le colgaba un liado de tabaco medio verde que tenía la braza apagada pero que ella masticaba como si lo disfrutara y escupía de rato en rato.
Con esta gente hay que guardar los tiempos, así que salude y cuando pregunto que necesitaba, le explique sobre que estaba casi sin tabaco, que me habían dicho que ella sabía hacer cigarros bastante buenos, me miro como dudando un poco, luego me dijo que hacía tiempo no hacía, pero que teniendo en cuenta que estaba sin tabaco y venia de parte de “la patrona” me haría unos cuantos, se lo agradecí, y allí nomas me planteo las necesidades, tenía que conseguir que del galpón de tabaco ya seco pudiese ir y elegir personalmente las pencas para así seleccionar las hojas, necesitaba además una botella de caña buena y papel e hilo para los atados, acordamos eso y el precio que me pareció risible. Me dijo que en tres días vaya a ver que me tendría algunos para probar.
A los tres días tal como acordamos me acerque a su casa, estaba sentada en el mismo taco de madera, pero delante había un viejo cajón de frutas sobre el que tenía colocada una tabla donde liaba los puros, al costado un alto de hojas ya despalilladas a cuchillo, o sea que cortaba con un cuchillo filoso las nervaduras y estiraba la hoja ya húmeda hasta dejarla suave y lisa. Me explico que los mazos de tabaco los desarmaba, elegía las mejores hojas para la cubierta y el resto quedaría para la “tripa”, que luego los pasaba por una palangana con agua caliente para sacar la tierra y bajarle la fuerza, con unas tablas estiraba las hojas mientras se secaban y allí despalillaba, solo cuando el tabaco estaba casi seco armaba los cigarros arrollándolos sobre la tabla que se veía bastante gastada.
En un costado habían algunos puros ya listos, aclaremos que tratándose de liado de campo, pensé que serían esos normales cigarros que uno encuentra con forma casi de torpedo y que con suerte y pasando un alambre suelen llegar a tirar para fumarlos, al contrario los cigarros eran casi del grueso de un lápiz, y con unos 15 cm de largo, me llamo la atención así que tome uno y lo prendí seguro que tiraría mal, gran sorpresa el tiraje era perfecto, me pregunto si estaba a mi gusto y le conteste que si, así que acordamos que toda la partida de unos cien que encargue serian de ese tipo.
En el tiempo acordado me entrego los cien, recuerdo que me los puso en latas de leche nido vacías para que pueda transportarlos bien y no se sequen.
Cada viaje al campo me convertí en un cliente seguro, llegaba con los implementos y al poco tiempo retiraba los cigarros por cien, realmente eran exquisitos.
Una vez le pregunte donde había aprendido y me explico que allí nomas, que otra mujer que había trabajado para una fábrica de unos gringos le había enseñado, desde la forma de elegir el tabaco, como prepararlo y como liarlo, me mostro por ejemplo que pegaba el remate con sabia de palmera usándola como cola y los diferentes pasos hasta liarlos, como me faltaba “algo” pregunte “Y dígame señora, la caña en qué momento se agrega?”, se rio, escupió tabaco al piso y me dijo ” mire la caña no va en el tabaco, es para mí así con mi edad por las noches duermo tranquila”.
Durante años fue mi cigarrera y disfrute de sus excelentes cigarros, luego Dios seguramente se acordó que ya había cumplido su ciclo con unos casi cien años, nunca más disfrute de esos excelentes habanos.
Se me indico una de las empleadas que trabajaba en la cosecha de hojas de tabaco, según mi suegra ella hacia antiguamente con otras mujeres cigarros que se vendían en el ramos generales del campo, que comentaban eran muy buenos, pero que hacia bastante que no venían a ofrecer así que no sabría si estaban haciendo o si aceptaría hacerlos.
Por la tarde cuando terminaban las tareas de corte de hojas me fui caminando hasta el rancho donde vivía esta mujer, no muy lejos, apenas cruzando la calle de arena, lo que parecía fácil pero en verano no lo era tanto; allí había un rancho medio ladeado y la encontré sentada en un viejo taco de madera bajo la sombra de un decrepito mango desgranando maíz para las gallinas, de una edad indefinida, pero de muchos años, con la piel curtida por el sol, el pelo cubierto por el tradicional pañuelo negro, vieja costumbre por algún duelo, de estatura baja y muy delgada, en la boca le colgaba un liado de tabaco medio verde que tenía la braza apagada pero que ella masticaba como si lo disfrutara y escupía de rato en rato.
Con esta gente hay que guardar los tiempos, así que salude y cuando pregunto que necesitaba, le explique sobre que estaba casi sin tabaco, que me habían dicho que ella sabía hacer cigarros bastante buenos, me miro como dudando un poco, luego me dijo que hacía tiempo no hacía, pero que teniendo en cuenta que estaba sin tabaco y venia de parte de “la patrona” me haría unos cuantos, se lo agradecí, y allí nomas me planteo las necesidades, tenía que conseguir que del galpón de tabaco ya seco pudiese ir y elegir personalmente las pencas para así seleccionar las hojas, necesitaba además una botella de caña buena y papel e hilo para los atados, acordamos eso y el precio que me pareció risible. Me dijo que en tres días vaya a ver que me tendría algunos para probar.
A los tres días tal como acordamos me acerque a su casa, estaba sentada en el mismo taco de madera, pero delante había un viejo cajón de frutas sobre el que tenía colocada una tabla donde liaba los puros, al costado un alto de hojas ya despalilladas a cuchillo, o sea que cortaba con un cuchillo filoso las nervaduras y estiraba la hoja ya húmeda hasta dejarla suave y lisa. Me explico que los mazos de tabaco los desarmaba, elegía las mejores hojas para la cubierta y el resto quedaría para la “tripa”, que luego los pasaba por una palangana con agua caliente para sacar la tierra y bajarle la fuerza, con unas tablas estiraba las hojas mientras se secaban y allí despalillaba, solo cuando el tabaco estaba casi seco armaba los cigarros arrollándolos sobre la tabla que se veía bastante gastada.
En un costado habían algunos puros ya listos, aclaremos que tratándose de liado de campo, pensé que serían esos normales cigarros que uno encuentra con forma casi de torpedo y que con suerte y pasando un alambre suelen llegar a tirar para fumarlos, al contrario los cigarros eran casi del grueso de un lápiz, y con unos 15 cm de largo, me llamo la atención así que tome uno y lo prendí seguro que tiraría mal, gran sorpresa el tiraje era perfecto, me pregunto si estaba a mi gusto y le conteste que si, así que acordamos que toda la partida de unos cien que encargue serian de ese tipo.
En el tiempo acordado me entrego los cien, recuerdo que me los puso en latas de leche nido vacías para que pueda transportarlos bien y no se sequen.
Cada viaje al campo me convertí en un cliente seguro, llegaba con los implementos y al poco tiempo retiraba los cigarros por cien, realmente eran exquisitos.
Una vez le pregunte donde había aprendido y me explico que allí nomas, que otra mujer que había trabajado para una fábrica de unos gringos le había enseñado, desde la forma de elegir el tabaco, como prepararlo y como liarlo, me mostro por ejemplo que pegaba el remate con sabia de palmera usándola como cola y los diferentes pasos hasta liarlos, como me faltaba “algo” pregunte “Y dígame señora, la caña en qué momento se agrega?”, se rio, escupió tabaco al piso y me dijo ” mire la caña no va en el tabaco, es para mí así con mi edad por las noches duermo tranquila”.
Durante años fue mi cigarrera y disfrute de sus excelentes cigarros, luego Dios seguramente se acordó que ya había cumplido su ciclo con unos casi cien años, nunca más disfrute de esos excelentes habanos.
sábado, 14 de octubre de 2017
Ficción... solo ficción.
Aclaremos que esto es ficción, un invento de mi mente, es imposible que pase y no paso, y si algunos escucho sobre el tema seguro era mentira. Los que por esa época pasaron por el E 21 saben que es así.
Allá por el 72, una camada de Subalferez haciendo el curso en el E 21, casi medio año, estamos en junio, en la Quiaca como siempre invierno, ya que como estaciones allí solo había el invierno y la del Ferrocarril, frio seco, pero frio en serio.
lunes, 9 de octubre de 2017
El CHAJÁ
Según cuentos de los antiguos, allá en las épocas
que los dioses caminaban a veces entre los hombres en la Tierra sin
Mal, cerca de un poblado al costado de un camino perdido en la arena
había un viejo y humilde rancho.
miércoles, 4 de octubre de 2017
EL CARAU
Leyenda Guaraní (Para leer y escuchar con una pipa encendida)
El Caraû, el ave mitológico de la provincia de Corrientes, la que dio origen a una de las más hermosa de las leyendas del noroeste argentino y que posteriormente fuera llevado a un tema musical, a la auténtica música correntina.
martes, 3 de octubre de 2017
Leyenda del pitogue. (Tomada de PORTAL GUARANI)
Pitogüe o simplemente Pitohe es el nombre que le
dan en guaraní al Benteveo, también apodado Bienteveo, Pitojuan,
Bienteví o Bichofeo.
sábado, 30 de septiembre de 2017
Anciana con pipa...
Lo compartí por los recuerdos que me trae, esas
viejas criollas recolectoras de tabaco, impensados años, con el
“cachimbo” casero...
El arsenal de Santa Catalina
Como ya relate, flamante Alférez, llegado a la Quiaca al E21 allá por febrero de 1971 recién casado, el primer día luego de presentarme el J Un me comunico que me había designado Jefe de Santa Catalina,
No me la contaron... la ví...
El viejo logístico, el de los galpones de chapa y madera, había venido a rebotar allí vaya uno a saber la causa, tal vez porque entre los que nos dijeron que pongamos tres destinos para salir de 2dos Jefes fui el único que puso tres destinos del despliegue,
El Acariciador de Tigres
Cuento de: Luis Ángel Larraburu
Bondadoso Silvestre tuvo un don, una rara virtud, que no es común encontrar en los humanos.
Salvo San Francisco de Asís, muy pocos, contados personajes de la historia, han poseído un don igual o similar.
Bondadoso Silvestre tuvo un don, una rara virtud, que no es común encontrar en los humanos.
Salvo San Francisco de Asís, muy pocos, contados personajes de la historia, han poseído un don igual o similar.
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